Soares, Goulart & Caetano Advogados

25 de octubre de 2025

Trabajo Intermitente: un enfoque empresarial

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Trabajo Intermitente: un enfoque empresarial

Entendiendo el escenario para empresas y gestores

En el actual entorno de negocios, marcado por ciclos de demanda cada vez más volátiles, la adopción de modelos contractuales flexibles se ha convertido en un tema estratégico para empresas que buscan adaptación y eficiencia. En este contexto, la modalidad de contrato conocida como trabajo intermitente cobra especial relevancia. A continuación, examinamos la figura del contrato de trabajo intermitente a la luz de la legislación brasileña y sus implicaciones prácticas para los empleadores, con el objetivo de brindar una visión clara, accesible y jurídicamente fundamentada para gestores y empresarios.

Qué es el contrato de trabajo intermitente y por qué interesa a la empresa

El contrato de trabajo intermitente, introducido en el ordenamiento jurídico brasileño por la Ley n.º 13.467/2017 —y reglamentado en parte por la Medida Provisoria n.º 808/2017—, corresponde a la relación laboral en la que la prestación de servicios ocurre de forma no continua, alternando períodos de actividad con inactividad, determinados por horas, días o meses, bajo régimen de subordinación. Para el empresario, esta estructura ofrece un potencial de adecuación a las demandas variables de su operación —por ejemplo, en situaciones de estacionalidad, proyectos eventuales o picos de producción—, reduciendo la necesidad de mantener de forma permanente una fuerza de trabajo ociosa.

Aspectos legales relevantes para el empresario

Desde el punto de vista regulatorio, el contrato intermitente debe cumplir requisitos específicos previstos en la Consolidação das Leis do Trabalho (CLT, equivalente al código laboral brasileño) —especialmente en los artículos 443 y 452-A a 452-H. En primer lugar, cabe destacar que el contrato debe celebrarse por escrito y registrarse en la CTPS (Carteira de Trabalho e Previdência Social, documento oficial que registra la relación laboral del trabajador en Brasil). El valor de la hora o del día de trabajo no puede ser inferior al valor horario o diario del salario mínimo, ni al de los demás empleados que ejerzan la misma función en la empresa. La convocatoria por parte del empleador, para que el trabajador intermitente preste servicios, debe realizarse con una antelación mínima de tres días corridos, salvo estipulación más beneficiosa. Una vez recibida la convocatoria, el trabajador cuenta con un plazo —generalmente de 24 horas— para manifestar su aceptación o rechazo; el silencio se considera rechazo. El pago debe efectuarse al final de cada período de prestación, incluyendo remuneración, vacaciones proporcionales incrementadas en un tercio, aguinaldo (13º salario) proporcional, descanso semanal remunerado y demás recargos legales. Además, las cotizaciones a la seguridad social y el depósito del FGTS (Fondo de Garantía por Tiempo de Servicio) deben realizarse con base en los valores pagados en el período en que el trabajo fue efectivamente prestado.

Implicaciones prácticas para la empresa

Para gestores y empresarios, operar con contratos intermitentes exige atención a algunos vectores prácticos. En primer lugar, aunque el modelo ofrece flexibilidad, impone rigor documental: registro por escrito, registro en la CTPS, control de las convocatorias y su aceptación o rechazo, así como pago discriminado y las correspondientes cotizaciones fiscales y previsionales. La falta de atención a estos puntos puede generar litigios laborales. En segundo lugar, es importante que la empresa no utilice el contrato intermitente como alternativa para sustituir a trabajadores continuos por empleados intermitentes, de modo que se descaracterice la modalidad y se genere un pasivo laboral. En especial, la jurisprudencia y la doctrina advierten sobre el riesgo de precarización de la relación laboral y cuestionamientos sobre la habitualidad de la prestación de servicios. En el plano operativo, la convocatoria de trabajadores debe planificarse adecuadamente para evitar interrupciones o falta de personal en momentos críticos. La empresa debe estructurar un sistema de convocatoria eficaz y bien documentado, de modo que demuestre que la inactividad del trabajador no deriva de la mera incapacidad del empleador de generar demanda, sino de la propia naturaleza intermitente del contrato.

Ventajas y riesgos del modelo

Del lado positivo, el contrato intermitente permite al empleador pagar únicamente por las horas efectivamente trabajadas, lo que proporciona una reducción de costos fijos de personal, especialmente en actividades con carga variable. Este es un atractivo evidente para sectores como el comercio, los servicios y los eventos. Entre los riesgos, se destaca la ausencia de garantía de una jornada mínima: el trabajador puede aceptar convocatorias esporádicas y, en períodos de baja demanda, la inactividad puede prolongarse sin remuneración, lo que genera críticas en cuanto a la previsibilidad y la dignidad del trabajo. Para la empresa, esto significa que el contrato intermitente no elimina el riesgo de pasivo laboral —por ejemplo, si se comprueba que la prestación de servicios era continua, sin alternancia efectiva, el vínculo podrá ser reclasificado como empleo tradicional. Además, desde el punto de vista reputacional, la adopción de este modelo a gran escala, sin una gestión adecuada, puede generar cuestionamientos por parte de colaboradores o entidades fiscalizadoras.

Sectores empresariales en los que la modalidad resulta adecuada

Aunque no existe una limitación legal expresa que restrinja la modalidad a determinados sectores de actividad —lo que puede ampliar su margen de aplicación—, la lógica indica que el contrato intermitente se adapta de manera más natural a actividades marcadas por una demanda puntual o estacional. Ejemplos típicos incluyen eventos, hostelería, turismo, atención en horarios variables y sectores en los que la producción fluctúa. En este sentido, el empresario debe evaluar si su negocio efectivamente presenta un carácter intermitente o si la demanda es continua, lo que recomendaría la adopción de una contratación tradicional. El análisis sectorial, por lo tanto, es esencial para determinar la adecuación de la modalidad.

Recomendaciones de compliance y buenas prácticas internas

Para mitigar riesgos, se recomienda que la empresa adopte políticas internas que formalicen de manera clara el proceso de convocatoria, aceptación, registro de horas y pago. El contrato intermitente debe especificar la forma, el lugar y el plazo de pago, así como el valor de la hora de trabajo. La empresa debe mantener controles que evidencien la alternancia entre actividad e inactividad, para reforzar la legalidad de la modalidad. En una auditoría o eventual fiscalización, será relevante presentar documentos que comprueben que el trabajador fue convocado conforme a la antelación legal, que aceptó o rechazó la convocatoria, y que recibió todos los valores debidos de forma proporcional. También es prudente que la empresa consulte asesoría laboral para adecuar los modelos de contrato, elaborar fichas de convocatoria y pago, y estructurar flujos internos que integren recursos humanos, finanzas y área jurídica.

Escenario futuro y tendencias de fiscalización

Considerando que la modalidad de contrato de trabajo intermitente todavía suscita cuestionamientos doctrinarios y puede ser objeto de debates jurisprudenciales —incluso sobre su compatibilidad con los requisitos clásicos del empleo, como la habitualidad y la jornada mínima—, la empresa que adopte este modelo debe monitorear posibles cambios legislativos o interpretaciones judiciales que modifiquen la lectura de la figura. En la práctica, esto significa que su adopción debe realizarse con respaldo técnico y con una estructura de compliance laboral, evitando improvisaciones que puedan generar pasivos.

La importancia de la asesoría jurídica preventiva

Para empresarios y gestores, el contrato de trabajo intermitente puede ser un instrumento útil, siempre que sea bien comprendido y bien implementado. Sin embargo, no se trata de una solución automática para todos los negocios. La adecuada caracterización de la intermitencia, el cumplimiento formal de las exigencias legales y el control eficiente de los procesos internos son factores determinantes para mitigar riesgos laborales. En este escenario, la asesoría jurídica preventiva —con revisión contractual, orientación sobre prácticas de convocatoria y pago, y auditoría de compliance interno— se recomienda como medida para proteger el negocio y brindar seguridad a la operación. Cuando surja alguna duda sobre la adecuación de la modalidad a su emprendimiento o sobre los riesgos particulares de su segmento, buscar apoyo especializado constituye una decisión prudente y alineada con la buena gobernanza empresarial.

Escrito por Eduardo Caetano de Carvalho